domingo, 29 de agosto de 2021

La ninfa

 


En la mansión que acaba de comprar la joven y hermosa Lesbia, la influencer de moda, la que ya ha alcanzado los 10 millones de seguidores. además, es una muy popular y famosa cantante de pop. Si, esa es una mansión de tipo antiguo, pero decorada por ella misma, con enormes fotografías de iconos de la cultura popular, como animes, manga y ese tipo de “arte”.

Lesbia ha hecho una cena para inaugurar su nueva casa con sus amigos, conocidos, y con algunos de los que han querido conocerla. La cena se ha tornado en pláticas amenas sobre lo que inquieta a la humanidad de hoy, y así pasaban las horas, entre risas y miradas de sorpresas.                             

Lesbia es bella, y su mirada es de felina.

En la tertulia había algunos “intelectuales”, de esos que hablan de pseudociencia como si en realidad dijeran la verdad absoluta. Algún “artista”, como un cantante de reggaetón, totalmente incompatible en aquella concurrencia. ¿Verdad? Un otaku, uno que otro influencer más, parlanchines que de tanto que hablan, no dicen nada, una que otra personalidad famosa “progresista”, de esos que son víctimas de todos y de todo, pero al fin y al cabo son los más grandes victimarios.                                                               

Entre todos ellos había un presentador de tv amanerado, de esos que están al tanto de la última moda, este, habla de casi cualquier tema, y viste camisa de color rosa chillante, corbata verde fosforescente, él es el que llevaba la voz cantante en cuanto a exponer los tópicos más relevantes o de actualidad, es decir, era el “sabio” del grupo.                                                                   

Hacia el extremo de la mesa más cercano a la ventana que da al jardín, estaba sentado un invitado que no concordaba con el resto, pues su atuendo era muy distinto al de los demás, porque todos vestían lo de la última moda. El más bien parecía alguien venido del siglo anterior, de camisa roja de lana a cuadros, es decir, una camisa de leñador, jeans desteñidos y lullidos y botas de trabajo color negro mate, y para completar su estilo, el cabello largo, al verlo era como ver a un joven grunge de Seattle de la última década del siglo XX.

Ya habían cenado y había bebidas alcohólicas, y alguna que otra sustancia alucinógena en la mesa. ¡La conversación estribaba desde el misterio de apariciones de ovnis en Roswell, los cuales vendrán a la tierra tripulados por aliens que nos quieren enseñar a vivir en paz, imagínense!  ¡Del proyecto Abigail del área 51, válgame!  hasta las sorprendentes ruinas de Gobekli Tepe, aquellas que dicen que han cambiado el origen de la historia del ser humano como homosapiens, que según aseguran que desde hace 12 mil años ya construía templos y urbanizaciones, y no éramos un simples recolectores y cazadores, como lo aseguran los libros de texto de las escuelas.                      

Y así seguía interminable la charla entre pequeñas discusiones y aclaraciones de tales fantásticos asuntos, mientras el reggeatonero ya lucia bastante borracho, y además confundido, pues no entendía ni un ápice de lo que se discutía.

Lesbia opinaba burlescamente en cada tema, y entre risas, tragos y sorbos a un cigarro de cannabis, su mirada era inquieta. Sin embargo, ella empezó a centrarse en el extraño e introvertido invitado que estaba al extremo de la mesa más cercano a la ventana que da al jardín. Ella inquirió del “sabio” que hacía una pausa en su exposición y al tiempo de inclinarse para tomar un sorbo de alguna bebida energizante que estaba en la mesa. Lesbia se acerca al oído y le pregunta: “¿Quién es el tipo, de allá, el callado, el que parece estar viendo por la ventana hacia el jardín?”. El “sabio” le respondió al ver al tipo que Lesbia señalaba por un instante: “Ah, ese es un poeta… lo invite porque me ha ayudado en algunos videos, los cuales el escribe para mi alguna introducción o alguna conclusión, no puedo negar que escribe muy bien, pero muy romántico para mi gusto”.

Lesbia, fijó su mirada de felina en el poeta, que seguía como embelesado viendo hacia la ventana, ella no sabía si era jardín o la luna lo que robaba la atención del poeta, pero si estaba segura de algo, que era él, quien cautivaba su inquieta mente, sí, la reina de la mansión de corte antiguo se sentía atraída hacia el poeta.                                                                                              

En sus adentros Lesbia de apenas más de 20 años, de labios rosados, ojos color esmeralda, de piel trigueña, y cabello castaño rojizo, largo y ondulado hasta la cintura, brillante como el cobre, pensaba: “¿poeta? ¿Acaso, no es que se habían extinguido?” Mordía sus labios mientras observaba al pensativo invitado. Y mientras todos seguían con sus interminables intervenciones en la tertulia. Lesbia se levanta de su asiento, toma una uva de un racimo puesto en la mesa, la puso entre sus dientes y tomando otra y llevándola entre sus dedos camino como lo hace una tigresa en temporada de cortejo hacía el poeta, su bata de color celeste casi transparente, flotaba como si caminara dentro del agua. Siguió suavemente descalza, con sus pies finos, al llegar a la par de su silencioso invitado, se inclinó y acercándose hasta rozar sutilmente su mejía con la del poeta le pregunta: “¿De qué leyenda urbana quieres contarme? ¿Qué fantástica criatura atrapa tu imaginación?”.

El poeta sin oportunidad de sobresaltarse accede al roce sintiendo la deliciosa mezcla de perfume, el L´Air Barbé que Lesbia se había puesto después de ducharse, mezclado con el olor del jugo de la uva que la reina de la mansión antigua aun masticaba deliciosamente. El poeta respondiéndole con un susurro le dijo: “Ninfa, deseo ardientemente tener cerca de mí una Ninfa…”

Lesbia se endereza, mira hacia abajo al poeta y pone entre los labios del soñador introvertido lo otra uva que tenía entre sus dedos.                     

Luego voltea hacia el resto de los invitados y pregunta en voz alta: “¿Quién puede decirme que es una Ninfa?” Inmediatamente dodos los tertulianos apuradamente toman sus dispositivos (celulares, Tablet, etc.) de última generación a buscar el significado de tal termino, “Ninfa”.

El poeta aun masticando la uva, y como por un reflejo tomándole la suave mano a Lesbia responde rápidamente, mientras todos los demás hacen silencio y dejan de digitar sus dispositivos. Sin titubear dice: “Es una representación mitológica de la fecundidad de la naturaleza, personificada por una hermosa y joven doncella… las ninfas aparecían en los bosques de la antigüedad para encantar a los hombres fuertes y gallardos que vagaban por la hermosa fauna para buscar aventuras de deseo y lujuria.”                        

El poeta aún ve fijamente a los hermosos ojos color esmeralda de Lesbia mientras sonríe levemente.                                                                     

Lesbia arquea una de sus delineadas cejas y acaricia suavemente su labio superior con su cálida y rojiza lengua.                                                            

Y viéndose fijamente, ambos sueltan suavemente sus manos. Lesbia le dice a la concurrencia en un tono suave y delicado que muy pocas veces han visto de ella sus allegados: “El poeta desea ver una Ninfa…”

La fiesta se extendió hasta altas horas de la noche, y uno a uno o se dormía en su asiento o se despedía para dormir en una de las habitaciones de la mansión estilo antiguo de Lesbia. Más el poeta un tiempo antes había salido al jardín a tomar aire fresco, a disfrutar del canto desvelado de los grillos y a admirar una fuente hecha de piedras rusticas, en la cual circulaba un pequeño manantial de cristalina agua, la cual servía de espejo para la luna y las estrellas. En la pileta también nadaban un par de fantásticos cisnes blancos que resplandecían con la suave luz lunar. Sentado a unos metros en una banca de solido mármol, bajo un coposo árbol de acacia y entre arbustos de café disfrutando de tal espectáculo de verano, de pronto empieza a revolotear entre melodiosas y sensuales risas de entre el agua de la fuente una hermosa silueta, más hermosa y resplandecientes que los cisnes blancos que nadaban a los pies de aquella increíble aparición. La silueta de castaños cabellos largos hasta la cintura, tan brillantes como el cobre, sí, aquella preciosa entidad, miró con sus ojos color esmeralda por un fugaz instante al poeta, y luego de súbito salió de la fuente y desapareció entre los arbustos del jardín.                                                                                                            

El poeta corrió desconcertado hacia la fuente, pero no llegó hasta ella, pues pensó que alucinaba, porque ya era de madrugada y de seguro su mente le pasaba una mala jugada por el cansancio. Luego volteó para volver a la mansión de estilo antiguo y buscar como dormir. Caminó unos pocos pasos y escuchó de nuevo la melodiosa y sensual risa a lo lejos en el jardín, se detuvo un breve instante sin voltear a ver, pero siguió su camino a descansar.

Por la mañana, uno a uno se levantaba y se unía al comedor para desayunar café y cigarrillos la mayoría de ellos. Cuando todos estaban reunidos en el comedor, Lesbia se sentó en el mismo lugar donde el poeta se había sentado la noche anterior, en el extremo de la mesa más cercano a la ventana que da al jardín, porque el poeta estaba parado frente a la ventana con una taza humeante de café en su mano, viendo fijamente hacia el vergel, pensando en lo que había presenciado junto a la fuente de piedra rústica la noche anterior.

Lesbia lo observaba fijamente y con una pícara sonrisa, se levanta y se acerca al poeta, mientras todos están ocupados soportando la resaca. Le habla casi por la espalda, al oído, tomándole muy discretamente de la mano: “El poeta ha tenido muy cerca una Ninfa…”

El poeta volteó lentamente, quedando de frente y muy cerca del rostro de la hermosa Lesbia, y como cómplices de un sueño de verano, se miraron con fijeza y sonrieron dulcemente…

 

PEDRO OBANDO

(Adaptación del cuento original de Rubén Darío)

 

 

 

 

 

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