viernes, 2 de abril de 2021

Mi corazón quiere hablarte

 


Mi cuerpo esta triste.

Su alma cree morir por tu amor.

No sabe de ti, desapareciste.

 

Mi corazón quiere hablarte

late lento, languidece, sin odiarte,

sin despedirte, te esfumaste.

Mi alma quiere llamarte,

no sabe que con ella jugaste.

 

En su locura,

selló con sus lágrimas la fisura,

y tras ella, cerró la puerta a la vida.

Piensa que la llave está perdida

que no tiene cura su herida.

 

Sé que la llave está escondida,

en tu corazón hundida,

lacerando tu alma henchida

por una pasión prohibida.

 

Mi corazón quiere hablarte,

te lo ruego, a mi alma escríbele,

justifica tu partida,

por favor, devuélvela a la vida,

que busque la salida.

Miéntele, está perdida,

sácala, haz que regrese,

yo me encargo de su cura.

 

La acariciaré con ternura,

como a un niño asustado

la acunaré abrazado,

hasta que vuelva su dulzura

y se quede a mi lado.

añorando tu regreso

pensando que estás preso

en la cárcel de otro amor

que no calma tu ardor.

Ella, no tiene idea de su error.

ELEN AGUILERA

 

viernes, 26 de marzo de 2021

La extranjera efímera

 


Hacía mucho tiempo que no regresaba, la gran ciudad la había eclipsado y retornar a la pequeña ciudad con aires de provincianismo… era realmente raro. Desacostumbrada tras años de ausencia, supo que se acercaba cuando aquella señora le miraba raro por leer un libro. Una sonrisa que rozaba el cinismo se dibujó en sus labios pintados de malva. Desde pequeña siempre le acompañaban los libros, quizás porque los prefería a las personas, quizás por la gran timidez que abrumaba su cabecita de niña loca y extraña. Allí en la limitada y bella ciudad, en el casi fin del mundo, ella nunca había encajado. Su lugar lo encontraría años más tarde, años después tras el enero helado en el que llegó a la gran ciudad.

Aún sentada en el tren y con la desubicación personal presente, empezó a ver como las vistas tras las ventanas del tren iban modificándose, mutando a aquellos sabores, olores, y luces que abundaron en su infancia, adolescencia y juventud hasta su partida. Pocas cosas había extrañado durante su tiempo fuera de allí, el sonido de las gaviotas, el olor a mar, el sonido del mar, el mundo ensalitrado, el acento sureño con esa dejadez en las palabras que mezclaban el enmudecer algunas letras y arrastrar otras, muy pocas cosas había echado de menos tras sus tres años de ausencia más corta que larga para ella. Al bajar del tren, no sintió lo mismo que en su primer regreso, entonces hacía ya casi tres años no se vio tan forastera. Ahora tras casi otros tres años más, veía la diferencia, ya no era de allí… pero tampoco era de la gran ciudad. En unos segundos entendió que ya no era de ningún sitio.

La maleta, la bolsa del ordenador que nunca podía dejar por trabajo, y su bolso lleno de manías que apenas controlaba, hacían de ella una especie de mula de carga torpe. La torpeza era algo que le había acompañado toda su vida, pese a hacerse mayor, pese a ser inteligente, pese a todo el conocimiento recogido en los libros. La torpeza física y emocional eran elementos inseparables de la esencia de su persona.

En mitad de la estación de tren, tardó unos minutos en situarse. Tampoco tenía sentido de la ubicación y eso le hizo sentirse más extranjera aún. Comenzó a pensar que ir había sido una idea terrible. La salida de la estación no estaba cerca de su casa, pero decidió ir andando. Los pasos la dirigían a lugares ya vistos pero diferentes con el paso de tiempo breve, pero mutador, olores, sonidos, gentes, todo estaba igual pero quizás solo un poco más gris. Caminó y caminó sin una ruta fija, simplemente dejándose llevar. Sitios de su vida, algunos importantes, otros irrisorios, y sin darse cuenta llegó al lugar. Ensimismada chocó con alguien, pudo equilibrarlo todo menos su saco/bolso repleto de cosas inútiles, utilísimas para ella. Al levantar la cabeza, le entregaron el bolso, ella lo recogió sin mirar quién se lo daba. Roja, tanto como su timidez se lo permitía, se disculpó y sin mirar continuó caminando brevemente hasta pisar al pobre transeúnte con las ruedas de la maleta. Sin saber ya donde meterse, alzó la cara y nuevamente se disculpó. Pero no pudo acabar la disculpa, era él. De entre todas las miles de personas de la pequeña ciudad, era él. Mayor, más usado por la vida, pero reconocible. Era él de recuerdo y ahora carne. Él sonreía, ella callaba. Él habló y ella empezó a sentirse menos extranjera.

AINHOA ESCARTÍ

domingo, 21 de marzo de 2021

Mi corazón está sin palabras

 


Mi cuerpo agoniza

necesita saber de ti,

necesita tu sonrisa.

 

Mi corazón está sin palabras,

mudo y perturbado.

Está asombrado,

Encontró quien lo abra.

Alguien se escurrió por una fisura

desatando la locura.

 

Su alma, por mucho tiempo dormida

despertó gritando, cohibida.

Ese alguien, la calmó con ternura,

la impregnó con su dulzura.

Le susurró al oído,

describiendo su hermosura

despertó sus sentidos,

recorriendo con los labios su figura.

 

Ella, respondió complacida,

al sentirse querida.

Rindiéndose henchida,

lo amó sin medida.

Descansó entre sus brazos,

acunada, sintiendo su cariño.

Pero despertó, al oír bocinazos,

llorando como un niño.

 

Ese alguien se había ido.

Sabía no había fingido,

que no pertenecía a su nido.

Su alma no quería más olvido,

necesita de su amor

para no morir de dolor.

 

Mi corazón está sin palabras,

cuida de su alma, el honor,

la acaricia, apaga su ardor,

adormece su dolor,

quiere esconder que está herida.

 

Mi corazón está sin palabras

 

ELEN AGUILERA