lunes, 16 de octubre de 2017

Exnovio




La noche permanecía en constante movimiento. Las luces parecían estrellas fugaces de todos los colores. No había ni un momento para el descanso. Madrid nunca dormía.
Ya era tarde. Inés debía volver a casa. Su madre decretó un toque de queda. Desde que tuvo unos incidentes con su exnovio, le obligaba a regresar antes de las diez y media.
—¡Ves! ¡La vida es peligrosa! ¡Los hombres son peligrosos! —repetía su madre una y otra vez.
Mejor obedecerla si no quería recibir castigos.
Llegó a su casa, que estaba en Buenavista. Una mala sensación recorrió sus venas cuando subía las escaleras. El rellano estaba demasiado callado.
Cuando abrió la puerta, encontró la casa completamente vacía. Se le cerró el estómago. Normalmente sus padres estaban a estas horas. No podían haber salido. Ni siquiera, a hacer la compra.
Encendió el pasillo y anduvo hacia el salón. Quizá estuvieran allí. Muchas veces los habían encontrado dormidos en el sofá.
Encendió la luz del salón. Un terrible escalofrío le recorrió por la columna vertebral. Se le helaron las venas y se le encogió el corazón.
Sus padres yacían muertos. Un charco de sangre los rodeaba. Sus cuerpos estaban completamente rígidos y pálidos.
Tragó saliva. Sus ojos estaban desencajados. Sus extremidades no respondían. Solo temblaban.
—¡Hola, Inés! —alguien le llamó.
Miró al sofá.
“¡No puede ser!” —pensó—. “¡Es imposible!”
Era su exnovio Richard. Le dijeron que murió al regresar a La Habana, pero no, estaba aquí, vivo y coleando.
Estaba distinto. Sus pupilas perdieron el color pardo y fueron sustituidas por dos luces intensas como el fuego. No era una quimera, porque aún conservaba su piel morena y su pelo oscuro.
—¿Qué has hecho? —preguntó con voz temblorosa. Extendió el dedo índice hacia sus padres y preguntó—: ¿Esto lo has hecho tú?
—Sí, algo tenía que hacer para recuperar a mi niña —dijo Richard con su marcado acento caribeño.
Inés no podía moverse. El miedo la paralizaba.
Richard avanzaba hacia ella. Su cara se volvía más siniestra. Cuando abrió su boca, mostró una sonrisa perlada con dientes ligeramente afilados.
Inés emitió un último sonido: un grito de susto y ahogado. Después, sólo hubo oscuridad.

ÓSCAR ALONSO TENORIO

lunes, 9 de octubre de 2017

Compases de vida




Gitanitos y morenos
ya se acercan al compás,
gitanitos y morenos
que no dejan de bailar.
Ya se rompen las camisas,
ya se ponen a cantar,
para alegrar a la luna
que no deja de llorar.
La negra Tomasa quiere
sacarme a bailar,
tú con esos ojos verdes
no me dejas de mirar.
Ay la negra Tomasa
no me deja descansar,
yo sólo quiero pararme
para la miel de tus labios probar.
Ven aquí mi lindo ángel
ya no me tortures más
que el secreto de tu sexo
yo me lo quiero quedar.
Bendiciones señores,
que la vida es un momento
nada más,
no piensen en los problemas,
ahora toca disfrutar.

Camaleontoledo*

sábado, 7 de octubre de 2017

La isla del tesoro



Autor: Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-Vailima, 1894)
Año de la obra: 1883

Probablemente <<La isla del tesoro>> es una de las mejores novelas de aventuras. Cualquier joven lector se verá identificado y disfrutará con las peripecias de su protagonista, Jim Hawkins y se verá inmerso, como por arte de magia, en una historia de bucaneros y tesoros por descubrir. Ese es el nexo común y la virtud que tienen los libros.
Todo comienza en la posada inglesa “Almirante Benbow”, la cual regentan Jim Hawkins y su madre ya que su padre está enfermo. Un día llega a ella un viejo pirata llamado Billy Bones con un cofre. Éste formó parte de la tripulación comandada por el capitán Flint, un despiadado y sanguinario pirata ya fallecido, el cual enterró un cuantioso tesoro en una isla. El mapa que señala el lugar exacto donde se halla lo tiene Bones y sabe que le persiguen otros bucaneros para robárselo. Cuando el pirata muere de un ataque de apoplejía, Jim abre el cofre y encuentra el mapa. Tras huir de varios piratas, que le quieren arrebatar el mapa, se reúne con el doctor David Livesey y el squire John Trelawne. Este último decide que los tres se hagan a la mar en busca del tesoro. Para ello viajan a Bristol y se embarcan en “La Hispaniola”, un velero capitaneado por Alexander Smollett. En la taberna “El catalejo” contratan a la tripulación. Entre ellos destaca John Silver “El Largo”, un viejo lobo de mar cojo que fue el contramaestre del capitán Flint y es conocedor de la existencia del tesoro. Pronto congeniará con el joven Jim debido a su enorme carisma.
Cuando se aproximan a la isla, John Silver encabezará un motín en el cual participarán otros marineros que, como él, formaron parte de la tripulación del capitán Flint. Por fortuna, Jim se enterará del asunto antes y pudo avisar del peligro al capitán Smollett, el doctor Livesey y el squire, quienes, con otros marineros leales, logran huir a tiempo del barco y refugiarse en un fortín de la isla. Allí resisten los ataques de los piratas. Sin embargo, Jim es consciente de que no podrán aguantar en aquel lugar mucho tiempo. Sale de aquel lugar a hurtadillas buscando una solución a este dilema y se encuentra con un hombre llamado Ben Gunn. Éste también conoce la existencia del tesoro y lo busca infructuosamente desde que fue abandonado por los suyos. Pacta con nuestro joven protagonista ser acogido por el squire y, a cambio, le informa de la existencia de un bote donde poder huir. Jim decide por su cuenta y riesgo montarse en él con el propósito de recuperar “La Hispaniola”, cosa que logrará gracias a su audacia y a que está prácticamente sin tripulación. Sin embargo, al regresar a la isla comprueba que los piratas han hecho prisioneros a sus compañeros. Jim es apresado, pero John Silver decide proteger al muchacho. Esto ocasionará que los suyos se rebelen contra él, pero logra sofocar a tiempo tal insurrección.
Por fin hallan el tesoro, aunque serán vencidos por el grupo formado por el squire, el doctor Livesey, el capitán Smollett, el marinero Abraham Gray y Ben Gunn, gracias a que este último simula la voz del difunto capitán Flint. Esto hace que los bucaneros, aterrorizados por el supuesto espectro, huyan despavoridos. Para entonces John Silver ya se ha unido al bando vencedor. Finalmente, embarcan de nuevo en “La Hispaniola” y regresan sanos y salvos con el tesoro tras abandonar al grupo de traidores en la isla.
Al parecer, el autor podría haberse inspirado en personas y lugares reales para escribir esta novela.
Robert Louis Stevenson fue un prolífico escritor. Ha publicado novelas tan conocidas como <<La isla del Tesoro>> (1883), <<El extraño caso del doctor Jekill y mister Hyde>> (1886), <<La flecha negra>> (1888) y <<El señor de Ballantrae>> (1888), entre otras muchas. Algunas han sido llevadas al cine.

¿Te ha gustado? Recomiéndalo y coméntalo, así como los anteriores libros.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Mundo hecho cenizas





     Paseaba por unas sucias calles de Londres, todo me parecía gris, era como si me hubieran quitado los ojos y me hubieran puesto los de un muerto.

     Esa calle, a pesar del miedo y repulsión que daba ese lugar, estaba muy transitada. La gente paseaba, otra corría porque se perdía alguna reunión importante. La gente aparentaba no sentir nada, todos estaban serios, como si les hubieran quitado el alma, sólo caminaban sin ganas, parecía que respiraran por obligación. Yo andaba, igual que ellos, todos eran iguales.

     Y así el mundo de blanco y negro, sin creatividad, sin nadie que lo quiera, se redujo a cenizas oscuras que se esparcieron por el espacio. Y quedó un hueco en el universo, uno sin rellenar que probablemente nunca vuelva a crecer.